19 dic 2010

Les Parapluies de Cherbourg o de cómo me pone la lluvia.

Ay. Empezó a llover. 
Y la lluvia me pone tonta. 

Clarifico: mi nivel de tontería aumenta con el agua -como pasa con esos potajes mágicos que con un chorrito de agua se convierten en comida y de los que soy adicta, ya sean sopas o purés (postrecitos incluidos) -. Es decir que hoy mi tontez está -casi- escapándose del pluviómetro, puesto que hablamos de lluvia que sea éste el aparato medidor ¿no?

No sé si el haber vivido en un lugar donde llueve nueve meses al año afecta en algo mi estado en relación a la lluvia, pero la grisura del cielo, el color plomizo detrás de la ventana, los vidrios con "gotitas"  tienen ese "no se qué" que en mi caso significa tonta, tonta, tonta.

Estamos en el horno,como dicen por acá. 

Me pongo peligrosamente nostálgica, muy cursi con notas kitsch o camp o berreta...que se yó, a esta altura sólo sé que quiero ver películas que me hagan llorar y escuchar música que me haga emocionar (hablo de esa emoción medio berreta también, esa que te emociona superficialmente, como cuando andás caminando y ves a la viejas pararse a mirar un perro y se llenan de ternura pero al indigente que tienen enfrente no le dan ni pelota) no se si me entienden la idea, si sí mejor, si no se joden...

ah! no les dije, la lluvia también me malhumora un poco, je.


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