6 nov 2010

No pasarán

No. No pasarán los malos pensamientos. 
No pasarán los negros nubarrones enfrente de mi ventana. No. 

Porque se habrán ido los acentos/tildes pero no la militancia antidepresión.
Ninguna pastillita de esas con X -¿por qué todos los nombres de "esos" medicamentos tienen una  X por algún lado?- logrará siquiera un atisbo de todo el optimismo voluntaristamente antibajón que me impuse este fin de semana (soy de las que nunca gastó un peso en automedicarse y entonces ahorro para las tiendas de ropa que en definitiva tienen el mismo efecto en mí, o parecido). 

Y si "no pasarán" es porque estoy apasionada y con pasión es como logro encarar cada mañana. Pasionaria me tomo el café -y discuto acerca de si es mejor el colombiano o el de Cuba, todavía con el aroma del grano recién molido en las narinas-, jugando con las miguitas del pan tostado desparramadas en la madera oscura del desayunador sobre la que pegan los rayitos de sol que se cuelan por las ramitas del ciprés que está enfrente de la ventana.

Apasionada también es como descubro que hoy cantaron dos pajaritos nuevos en el patio (y si me doy cuenta no es porque me guste la ornitología sino sólo porque tengo buen oído y hay dos trinos diferentes a los de ayer).  Más tarde tomo las tijeras de podar -apasionadamente- y arremeto contra esa planta de la que nunca me acuerdo el nombre pero que crece con la misma avidez que mi pasión por apasionarme para apasionada olvidarme de lo que a veces la pasión me deja como una herencia oscurita y demandona.

Y mientras me seco -con el brazo, tengo los guantes puestos no vaya a ser cosa que se me arruinen las uñas- las gotitas que tan jardinera pasión hizo brotar en mi frente, tarareo aquella canción que cuando era joven y revolucionaria me hacía sentir que era posible cambiar las cosas. Aquel tiempo en el que iba a cuanto acto, marcha y/o manifestación hubiera, jurándome con solemnidad que yo nunca me quedaría pegada al conformismo -cómodo y pequeño burgués- al que todos los de más de 30 se abrazaban -según una juvenil yo- con tanta pasión. 

Y a pesar de que los años pasan y la vida no es ni tan blanca ni tan negra me doy cuenta de que sigo tan apasionadamente pasionaria como antes, a pesar de que ya me fundí hace rato en ese abrazo "pequebú". Eso sí  -y como para ir cerrando-: burguesita quizá, conforme jamás. 


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