18 ago 2010

Bajón de caderas.

Hoy me dediqué a estudiar detenidamente cómo mi cuerpo ha ido cambiando década tras década. Sí, un bajón, pero mientras me bañaba y de aburrida nomás, noté que mis caderas están ¿cómo decirlo? un poco bajas.
Sonará un tanto autoindulgente de mi parte, pero mi cuerpo nunca fue algo que me preocupase demasiado, estaba ahí, ni mucho ni poco, ni gorda ni flaca, proporcionado, fácil de vestir.
Nunca tuve la obsesión de las dietas, siempre me gustaron los helados y los chocolates y cuando estaba gordita me daba cuenta después, cuando empezaba a ponerme de nuevo la ropa que había dejado de usar por razones obvias.
O sea, ningún problema.
Pero ahora, ahora todo es diferente.
Ahora que tengo el tiempo de mirarlo (realmente, no, no lo tengo pero me lo hago de masoquista) y compruebo que mi cuerpo ya no es una entelequia (lo que confirma la hipótesis de otra cosa que se va con los años: la irrealidad).
Digresión a un lado, continúo: ahora, mi cuerpo me reclama y me dice:
 "- deporteame boluda que si no me caigo todo." y yo ni caso. Pasa otro tiempito y me dice "-¿viste tonta? no me deporteaste y ahora te bajo las caderas..." entonces, un día como paveando, mientras te bañás te das cuenta de que sí. El cuerpo, esa cosa que a veces te sirvió para tanto y otras para tan poco, te empieza a pasar factura.
"-Nena, estás frente a un bajón de caderas, no es tan grave, las otras cosas todavía -más o menos- están todas en su sitio", me dije a modo de consuelo. Simultáneamente me secaba enfrente de ese espejo del baño que me hiere como una daga cada vez que lo desempaño. Maldito espejo "-grande grande para que pueda mirarme toda-" le dije a mi marido cuando armábamos el diseño.
Idiota! Si sabía que me iba a poner vieja!!!!
¿Para qué quería un espejo grande?
Narcisa obtusa, y encima ahora con las caderas bajas. Oh mi dios, ¿qué hice yo para merecer esto?

No hay comentarios: