Sí, así estamos. Jodidas pero contentas como reza el título de una canción que escuché hoy que canta una señorita llamada Concha Buika -je-.
No conozco su discografía, es la única canción que he escuchado, pero con ese título (y ese nombre) ya está mereciendo todo mi respeto. Es que así estamos (soné, arranqué con el mayestático, y eso es grave) con dolor de muelas, además.
Es terrible, el dolor de muelas te recuerda que aunque lo quieras obviar, el cuerpo es algo que necesita mantenimiento -y una que otra visita al dentista, sino de vez en cuando, al menos de cuando en vez-.
En fin, por eso: jodida pero contenta. Dolorida pero relajada. Temerosa y temeraria.
Y con pánico al torno del odontólogo (ninguna connotación fálica, no piensen mal, che). Me odio a mí misma, no por el odio al dentista, sino por los litros de bebida azucarada que tomé, las toneladas de chocolates que comí y aún sigo comiendo, los millones de caramelitos media hora que chupé (como no le gustaban a nadie siempre iban a parar a mi bolsillo) y los bocaditos Néstor y los alfajores Fantoche...ay! mi dios! ¿quién me mandó a mi a ser tan golosa?
Me consuela pensar que vivo en Uruguay y como tomar mate dulce acá es un sacrilegio -y yo de todo menos sacrílega- zafé del matecito dulzón y con "iuitos" que tomaba allá en Córdoba,.
De todos modos -y a pesar del amargor al que mi necesidad de adaptación me sometió- la muela me duele igual y del dentista no voy a zafar.
Así que..."a llorar al campito" o en la sala de espera odontológica que en este caso vendría a ser lo mismo.
De todos modos -y a pesar del amargor al que mi necesidad de adaptación me sometió- la muela me duele igual y del dentista no voy a zafar.
Así que..."a llorar al campito" o en la sala de espera odontológica que en este caso vendría a ser lo mismo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario