22 sept 2010

Electroshop (ping)

Miércoles y tres motivos para estar contenta: un bolso, una chalina y una remera. 
No es poco. Además estamos a mitad de semana y empezó a hacer calor. 
Afirmación genérica y generalísima: a las mujeres nos encanta hacer compras y si somos argentinas:  ¡peor! 
Que felicidad me da salir a pasear por los negocios de ropa -como mujer y como argentina- .
Cómo me gusta el olorcito de las etiquetas, el ruidito de las perchas y todo lo que viene asociado con ese ansiolítico tan inocuamente caro que es salir a ver en qué gastar la plata que aún no se  tiene .
Especialmente ahora, en el cambio de temporada, donde se consiguen los ofertones del invierno y empiezan a aparecer los modelitos con las tendencias de la nueva estación. 
No te alcanzan los ojos para mirar, ni las manos para tocar  toda la tersura de las telas  (livianitas o pesadas dependiendo de la época del año).
Todo te parece bello, todo te parece endiabladamente bello.
Aún aquellas cosas que en un rapto de estupidez te comprás sabiendo que sólo la vas a usar allí, enfrente de ese espejo desmesuradamente grande -que por la luz y la deco del negocio- te hace sentir como Julia Robert en Mujer Bonita (sin Richard Gere en el descapotable esperándote afuera, no, no es Rodeo Drive tampoco). 

Nota al margen: tengo 41, mis rol models son de antaño, ninguna Angelina, ni Penélope, Julia a secas, en Mujer Bonita o en Mystic Pizza aunque para la entrada de hoy mejor  la Julia de Pretty Woman,  pega más...la otra para cuando me ponga más hippie.

Retomo y resumo: no existe nada más energizante para el cambio de estación que un electroshopping generoso que  te transforme efímeramente (hasta que te alejes del espejo de la tienda) en una diva de Hollywood. 
Y que además, te haga gastar más de lo permitido. Porque acordemos en algo ¿que sería de la sensación si luego no viniese la mortificación? Que sería  del placer sin la flagelación  autoinfringida  de haberte comprado lo que sabés, lo que tenés la absoluta certeza de que: a) no vas a tener la ocasión  b) tampoco la oportunidad  (¿es redundante decir así?) de lucir de acá a millones de años luz. 

Porque al final de eso se trata la terapia, de dominar a la fiera por un rato, calmarla hasta que los vahos del cambio de temporada se hayan aquietado para entonces sí,  dejarla pastoreando en la precariedad de la culpa hasta que en el próximo atracón urja otro electroshopping, que a juzgar por la época del año en la entramos, será el de las fiestas o el de las vacaciones...


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