8 sept 2010

a ver si nos ponemos serias...

Sí. Un poco de seriedad. Eso es lo que necesito. La ironía no me ayuda. A ver antón, que cada cual atienda a su juego. Sí pirulero, necesito ser seria y en lo posible empezar a usar un trajecito sastre, así no solo lo soy sino también lo aparento.
Hoy me siento mal. Hice llorar a una niña. Pero les juro -les juro- que fue sin la menor intención.
En mi correntada de vehemecia -a esta altura ya estoy convencida de que es senil- acentué tanto mi punto de vista que me olvidé de las reglas del decoro, Corneille se las tomó con Rancine y me quedé atónita observando como la niña rompía en llanto.
Y lo que es peor, es que yo sólo buscaba su empatía, necesitaba sentir que lo que decía contaba con su aprobación.
O sea, a la política mejor no me dedico, salvo que los discursos estén elaborados de manera tal que la estrategia discursiva apunte a lo contrario de aquello que quiero generar.
En resumen, creo que el problema es mi falta de seriedad.
No soy seria, y como sé que en la adultez este es un rasgo muy importante y fundamental, en el afán de serlo sobreactúo y en la sobreactuación en vez de generar respeto, ASUSTO.
Y como asusto, los niños lloran.
Oh. Acabo de darme cuenta de que no sólo soy una vieja poco seria,  sino que además empecé a encarnar al viejo de la bolsa, al cuco o a como sea que se llame a quien se invoque para hacer llorar a los niños.
Por todo lo anterior es que necesito urgente -ahora más que nunca- un asesor de imagen, ya que si bien alguna vez lo pensé, esta tarde lo confirmé:  después de cierta edad lo que nos une no es el amor, es el espanto!


1 comentario:

la bloggera dijo...

No puedo creer! ¿Qué le hiciste a la pobre niña? ¿Y quién era la pobre niña?
Asesor de imagen... preguntale a Duahlde, ¿te acordás cómo cambió cuando lo volvieron presidente?
Beso