las crisis son como las correntadas, arrasan con todo y te llevan a cualquier parte, en mi caso a la creación de un blog con funciones catárticas...o no...yo qué se
Primera entrada nocturna en todo el tiempo que escribo el blog.
Hoy la luna está inmensa y luminosa. Salí al patio y me sorprendí.
A veces es bueno encontrar cosas que siendo tan simples y repetidas pueden seguir sorprendiendo. Hoy mi esposo se rió con ternura porque le dije que el amor se sustenta en los detalles y que el éxito relativo -depende del ángulo con que se mire y del momento del día- de nuestro matrimonio, está basado en que nunca dejamos de ser amables con el otro: un por favor, un gracias, un encontrarse a medio camino cuando el otro fue a buscar algo, son alguna de las pequeñeces que hacen la diferencia.
El respeto por el otro, la comprensión e incluso a veces también la incomprensión respetuosa ayudan a campear algunas tormentas, especialmente cuando uno lleva años de convivencia.
Esta entrada está dulce y se preguntarán por qué.
Es sencillo: de las 48 horas que tiene el fin de semana en casa no hubo una sola discusión. Mientras cenábamos mi marido me dijo -¿Te diste cuenta de que no peleamos en todo el fin de semana?
Ése es un detalle.
Me sonreí y me vine a la compu, y ahora que lo pienso tuve suerte de haber tenido ese detalle porque aunque algunos piensen -por cómo escribo- que soy una chica en apuros, la verdad es que me gusta la vida que llevo. Y aunque me queje bastante y parezca siempre que estoy de mal humor son esas cosas las que me llenan el alma.
No supe por qué al principio, después me di cuenta: me gustaba la imagen que proyectaba.
Me vi mujer madura y me gustó.
Todo bien con eso de que las crisis te hacen crecer, pero estar en una función continuada te aumenta las arrugas y te gasta las lágrimas.
Por eso, hoy me dije: no hay vuelta, sos esto, querete un poco y dejá de joder, las mujeres maduras también son interesantes y en un recorrido mental instantáneo fui de la Simone de Beauvoir a la Moria Casán rapidito y sin respirar (en el camino aparecieron un montón más que no puedo enumerar porque no me alcanzarían las letras).
Después de ese momento "Nacha Guevara" salí espléndida a un mediodía otoñal de esos que te enamoran y llegué inundada de buen humor a encontrarme con mis compañeros de trabajo.
El día transcurrió tranquilo hasta que a la tardecita me encontré con un conocido que es periodista y escritor -a quien respeto mucho y quien ha estado vichando mi blog y otro par de papeles que le dí para que lea-, como hacía mucho que no lo veía me preguntó cómo andaban mis cosas y mi escritura, y antes de que pudiera siquiera atinar a responderle, me espetó sin anestesia: "es raro, pero tus textos parecen escritos por una mujer mucho más joven [como si te hubieras quedado anclada en tus veintipico]".
Se me vino el mundo abajo, obvio. Estoy otra vez en cero. Sigo en crisis y me voy a arrugar.
Frenesí femenino. Rabiosa femeneidad. Alegría feminista o como se les ocurra llamar a un día que arrancó en el quiosco con la Cosmo de abril saltando para acomodarse debajo de mi brazo y terminó en la peluquería.
Cómo me divertí cuando producto del atolondramiento por sentarme en el nuevo mueble lavacabezas me olvidé que iba a teñirme y que para eso no hace falta el lavado. Como es mi costumbre me olvidé por el camino adónde quería llegar y en el desvío obtuve una camisa nueva, un cinto negro precioso y un estilo Farrah Fawcett morocha que ni les cuento (por el peinado, no por mí, aclaro que sigo tan morocha y tan poco parecida a la que fue mujer del Hombre Nuclear como siempre).
A la Cosmo me la compré porqué cazó mi atención este título en la portada: "Sexo Manos Libres. 60 ideas para que le des a él un placer 100% hands free (sic)"
¿Cómo me la iba a perder? ¿Eh? "Placentear a mi chico" sin tener que pensar en que se me pueda arruinar el esmalte o saltarse la piedrita del anillo, un delirio de practicidad!!!!
Mientras esperaba mi turno la iba leyendo con avidez, no sin envidiar la figura de la Mila Kunis (la novia de Kelso en That ´70 Show) y reflexionando repaso: lo que es el subconciente, terminé peinada como ella en el programa... ¿ahora entienden mejor eso de los mensajes subliminales? funcionan!!!!!!!
No importa, la cuestión es que me pasé un día maravilloso y entre la Cosmo y la pelu soy una mujer nueva (que tiemble el Che Guevara).
Por suerte salté a la sesión lavado de cabezas cuando estaba llegando a esta nota: "¡Auch! cuando el sexo duele", pero ahora que mientras escribo esto la tengo a la vista para citar sin errores descubro que debajo de ese título, en letra bastante más chica dice: "tiene solución".
Así que ahora sí mientras miro mi programa de chimentos preferido voy a hojear el artículo para ver de qué se trata el asunto, porque todo bien con el sexo siempre y cuando sea sin dolor ¿no?
Me cuesta confesarlo, pero este otoño me agarró desapasionada...
No es que haya dejado de exagerar, o que ponga menos vehemencia en mis afirmaciones, nada de eso.
Estoy como marchita - no es que tenga que exudar rosagancia, ya estoy mayorcita- pero creo que para la "marchitud" todavía me falta un rato.
No sé, tal vez sea por eso la preocupación: ¿habré empezado a marchitarme?
Yo sé que nunca sé nada.
A eso lo tengo claro, pero esto de estar apagadita no me gusta, y lo más grave del asunto es que no estoy triste, o amarga, o malhumorada -como es mi costumbre principal y la habilidad mejor desarrollada de mi personalidad-.
Estoy tan despasionada que ni para el malhumor me da.
¿Serán las hormonas?
En una de esas a los 42 a las muy perras se les da por robarte la pasión y como a las mujeres nos pasa de todo no me extrañaría...
De acá me voy derecho a la Para Tí para ver si en algún tomo encuentro alguna referencia bibliográfica respecto de este asunto y si no, de ahí a la Glamour, o la Vogue, porque estaré despasionada, pero fashion sigo fashion y seguro que si miro las nuevas colecciones otoño-invierno, aunque no me garantizo reapasionarme al menos voy a encontrar con qué entretenerme ¿no?
Hoy es 24 de marzo y mi recuerdo me conduce inevitablemente a mi séptimo cumpleaños, en el que cinco días después yo no entendía por qué todo el mundo en casa estaba tan pendiente de esos tipos en la tele.
Hoy es 24 de marzo y estoy lejos.
Hoy es 24 de marzo y yo no estuve en la esquina de Colón y La Cañada.
Se acerca mi cumpleaños y como es número par no me angustia demasiado.
No tengo idea de cuál sea la razón de semejante sensación, pero a los números pares me gusta llevarlos: será porque calzo 38, mido 1,68 y peso____ (par también, je).
En fin, les contaba que falta poco para esa fecha y a diferencia de otras veces hasta estoy pensando en festejarla.
Quizá como cae un martes me interesa explorar cuánto de rebeldía aún conservo a la mañana siguiente cuando tenga que lidiar con la resaca en el trabajo (supe ser una maestra manejando estados posteriores -casicatatónicos- de resaca feroz "allá por mis años mozos" sin que se me notara ni una pizca de ningún descontrol anterior: una "leidi" hecha y derecha)
Releo, pienso y reflexiono: mejor aborto el plan de festejo un martes, ya que alguien que escribe "allá por mis años mozos" no merece ninguna confianza respecto a cómo manejará una eventual resaca entre sus compañeros de trabajo: papelón seguro, "vintage" además.
Resumen: cumplir años este 2011 no me importa, usar un léxico arcaico sí, porque con horror descubro, que a la vejez, aunque se la quiera ocultar, no hay con qué darle, sale por los poros, o en mi caso "por la lengua" que después de todo, vendría a ser lo mismo ¿no?
De un tirón fui de la cama al patio (nada de ir hasta el living) y arremetí con más garra que fuerza, primero con la cortadora de césped, después con las tijeras de podar.
El resultado de tamaña proeza: me duelen los dedos mientras tecleo, auch.
Eso sí, mi patio es "una pinturita".
Corre una brisa agradable y el humo de los asadores de la cuadra se mezcla trayendo aromas de carnes asadas de distinta calidad. Sí, puedo deducir la calidad de la carne por su aroma ¿any problem?
Digresión: si me dejo llevar por las quejas generalizadas debido al último aumento cárnico, deduzco que en mi barrio todos son "potentados", porque el típico domingo de tinto y asadito no le falta a ningún vecino.
Como soy mujer y tengo la habilidad -inherente a mi género- de poder hacer muchas cosas a la vez, mientras podaba el jazmín que había volteado la última tormenta sucedieron las siguientes situaciones que paso a enumerar: se me destornilló (tengo la duda de si es "desatornilló" -si alguno sabe agradezco colabore-) la cortadora y me quedé con la manija en la mano mientras me trababa en lucha con el pasto de un cantero.
Solucioné el problema -a instancias de mi marido que me proveyó del tornillo que me faltaba- y mientras continuaba con el desmalezamiento empezaba a tener por causa desconocida una discusión con el susodicho-léase marido- y producto de la discusión y el desconocimiento, me desquité con el jazmín mientras renegaba sin saber muy bien de qué.
Moraleja: siempre es bueno tener algo que arrancar a mano cuando se discute sin tener claro cuál es el eje de la argumentación.
Entre tanto fui a buscar la novela que estoy leyendo, para cuando el patio estuviera listo sentarme a leer, preparé el agua para el termo y apronté el mate, descolgué la ropa tendida y metí otra carga en el lavarropas y hasta pensé -pero me contuve- en planchar. Uff. Me agoto de solo escribirlo.
En fin, después de tanto ajetreo me senté en la compu a ver cómo andaba el mundo y la verdad es que de tan sólo vislumbrar cómo andan las cosas, preferí abrir el blog y publicar esta entrada.
Porque, como soy terca y ayer leí en el New York Times que esto de los blogs ya está "pasado de moda" porque la redes sociales como "Feisbuc y Tuiter" lo están reemplazando, necesité plantar bandera y acá estoy: dando mi grito al vacío, je.
y yo casi ni asomé la naríz por acá.
Estoy vaga y aburrida.
Un poco viajera también.
Contenta de ratos, a veces triste. Peleona y tolerante.
Bastante contradictoria.
A flor de piel y aflorada. Florecida no (no sé si eso es bueno).
A los que leyeron la entrada anterior les comento: me hartó el gato. La ternura me "duró lo que un lirio" diría una tía mía.
Cero paciencia.
Un horror. Por mí, que se muera de hambre.
Bueno, no tanto, que no se muera (después me da culpa) ... pero que no me jorobe más.
Por suerte febrero es cortito y comida para el gatito todavía tengo.
Por eso, a respirar hondo y esperar sentadita en el cordón que vuelvan la paciencia y la ternura.
Y si no se puede con las dos, al menos que venga una así no me siento tan sola.
Estoy vaga. Parece que en el 2011 la inspiración bloguística me abandonó y en enero sólo metí una entrada, bah dos, pero una fue de compromiso así que esa no cuenta. Y eso no es hacer trampas, porque hubiera sido más sencillo borrar y poner dos en vez de andar explicando tanto, ese es mi problema: superabundancia léxical.
Pero bueno, acá estoy escribiendo otra, sólo porque hoy estoy rara. Rara, no encendida.
Es que descubrí que a veces -muy de vez en cuando- pueden despertarse en mí sentimientos protectores, aventurar maternales sería un despropósito, tampoco exageremos.
Paso a narrar. Llegamos a casa tras un mes de ausencia y encuentro en mi patio a "un pichón de gato" instaladísimo en el fondo con aires de rey león. Sólo aires porque es chiquito y feo, flaco, casi rancio diría.
Reacción inmediata de mi parte. -Gato invasor! Habráse visto, si pesco tan sólo el olor a meo por algún lado te cuelgo de la anacahuita. Juera bichu! Raje de aquí gato estúpido (no dije estúpido dije otra cosa, pero con la polvareda que levantaron los torsos desnudos de California, mejor no escribo lo que le dije. Autocensura pura y dura.)
Obviamente, el rey león adelgazado me mira con esa mirada gatuna tan autosuficiente que me da una rabia bárbara y ni se mosquea. -Ahhh, este no me conoce... pegué un pisotón que dejó temblando las botellas que nunca me acuerdo de sacar -para que se las lleven los clasificadores- que hasta Atila hubiera envidiado. Lo asusté, pero como es debilucho salió disparado digamos que a media máquina, nada que ver con la típica disparada gatuna. Me dio pena, pero no flaqueé. Recién llegada, acalorada y cansada lo último que me faltaba era convertirme a protectora de animales. Me fui a dormir. Ese fue mi primer encuentro con el gato.
Día dos. Calor, mucho. Malhumor después de saber que hay que trabajar para vivir y que la vida es algo más que un mes sin pensar en nada. Llego a casa. Enfilo al patio. Piletita pronta. Gato otra vez. Me enfurezco. Esta vez se asustó mucho y casi se golpea con un vidrio tratando de escabullirse. Siento más pena que el día anterior, reparo en lo flaquito que es, ya pienso en que quizá no coma. Sin embargo, el calor arrecia y yo me quiero tirar a la piscina sin testigos, así que me olvido del gato.
Día tres. Más calor, insoportable. Mediodía, salgo al patio y lo veo tendido a la sombra de la anacahuita de la que lo quería colgar. Me miró, juro que como pidiéndome compasión, cero autosuficiencia gatuna. Se la tuve, hasta pensé en llevarle un platito con leche -por suerte no tengo en casa, no nos gusta- ya que eso hubiera sido demasiado.
Sólo me dio para nominarlo, lo bauticé "Mishima", como el autor japonés del que jamás leí una letra pero sé que tenía aires imperiales, no hace falte que explique por qué.
Oh sí, la soleada California debería llamarse "la tierra de los hombres de los torsos fibrosos y torneaditos".
Aclaro que las señoritas están exactamente igual de fibrosas, curvilíneas y rubias chillón. Pero en esta entrada no voy a hablar de las Pamelas Anderson que abundan en el barrio, no señor, voy a hablar de "ellos", voy a detenerme en lo importante, voy a escribir de "los chicos sin remera".
Detallo. Nunca en mi vida vi tanto torso torneado por Miguel Angel, enchufadito a los ipods corriendo: jóvenes, medianos o maduritos. Perfectamente bronceados y corriendo a un ritmo que si te quedás mucho rato mirando puede que te hipnotice. Pero a mí no. Como no me quedo mucho rato mirando (al mismo) eso no me sucede. Varío el objetivo y entonces evito el adormecimiento, je.
En California todos son bonitos. Ellas y ellos. Las casas, los autos también. En fin, es el sueño americano y de cartón pintado. Como los carteles de los "homeless" (gente que vive en la calle, mendigando) para indicarte que cualquier cosa que les pongas en los vasos de plástico que tienen al lado, les será de mucha utilidad.
Porque así es en la tierra donde nunca se nubla, chicos lindos con los torsos desnudos corriendo a la orillita del mar, esquivando gente que no tiene que comer. Aunque -debo reconocer- todo esto hecho con muchísimo glamour y muy ordenadamente, como no podría ser de otra manera en una tierra en la que todos son muy educados y -suspiro- muy pero muy "bien parecidos".
Nota al pie: por si no les quedó claro estoy en California y como todos son lindos -hasta los viejos- a mi me da mucho complejo...já.
Es que hoy se cumple un año desde que abrí esta "cajita de pandora" y si bien creo que la correntada de la crisis ya me arrasó, me tumbó y me despeinó, lo mantuve y -por usar una frase remanida si las hay: "no morí en el intento". Aunque confieso que al malhumor no me lo sacó, no creo que haya remedio para eso.
¿Por qué?
Porque está nublado y ventoso y me he dado sólo un chapuzón en el mar.
Porque anoche los perros de los vecinos "serenatearon all night long" (para mí que se estaban vengando del piromaníaco de la cuadra, que el primero los debe haber enloquecido con tanto estallido de color) y eran las 4 am y yo seguía dando vueltas.
Porque aunque no abrí el postigo de la ventana intuyo que hoy sigue igual que ayer.
También, porque pasado mañana emprendo la marcha de nuevo hacia las regiones del calor insoportable para armar una valija repleta de ropa de invierno y ya me pica todo de sólo imaginarlo.
Por todo eso -no es poca cosa, ¿no?- estoy tiesa de un malhumor cortante y sonante.
Y porque además y aparte de todo lo anterior, el 2011 me pegó muy caprichosa y eso no me gusta nada, especialmente cuando nadie se preocupa de que mis caprichos se cumplan!!!
Ah, por último -un datito menor- estoy compartiendo hogar con la madre de mi marido...pero eso es menor muy menor... no creo que tenga nada que ver... ¿o sí? ¿será? já.
Me enseñaron -realmente no sé por qué, no hacía falta y además nunca lo aprendí- que las cosas se cierran.
Las puertas, las ventanas, los pantalones, las blusas deben cerrarse.
Los años también. Por eso esta entrada.
Como soy rebelde, un poco nomás, nunca lo suficiente, y como no creo en los cierres herméticos (lean las estadísticas de violaciones a la propiedad privada y se darán cuenta) me rebelo conmigo misma y escribo una entrada que tiene como tema justamente aquello de lo que reniego: el cierre del año.
Lindo el 2010.
Ascendí en el trabajo y -como no podía ser de otra manera- sigo arrastrando algunos lastres (no termino algo que empecé hace varios años y que me había prometido terminar este año, por suerte no es mi matrimonio, ése con sus altos y sus bajos sigue en competencia, já).
Pero así y todo este año fue una montaña rusa de sensaciones.
Hubo ocasiones en las que que me sentí capaz de comerme el mundo de un sólo mordisco y otras en las que literalmente una miguita de pan me atrangantó de tal manera que sentí que no iba ser capaz de respirar.
Por suerte -o por una mezcla con cucaracha que debo tener- siempre me repongo, me rearmo, me reinvento, me "re" hasta el hartazgo, y eso está bueno.
En el 2010 también me hice Lectora, siempre lo fui por deformación profesional, sólo que este año me tomé el trabajo un poco más en serio y como soy una descocada además me atreví a mostrar aquello que la lectura me generó con el paso de los años: este blog, por ejemplo. Están en su derecho de pensar ¡qué poco! (se las serví en bandeja, je)
Pero bué, una hace lo que puede.
Por último, entre seria y divertida, me digo:
- yo no lo cierro nada a este año; siempre es mejor andar escotada ¿no? especialmente para que la llegada del 2011 nos pegue directo en el medio del pecho y nos revuelva un poquito las certezas, nos obligue a repensar/nos y nos haga un poco más felices a todos.
Terquedad militante que nos obliga a vernos las caras cada año.
24 años después.
¿Qué decir?
Honestidad brutal. Estamos viejos.
Lo sé, soy una amarga, pero como anoche lo declamé cuando empezaron a planificar la reunión del año entrante, ahora corroboro: V I E J O S. Repetitivos, además.
-Viejitos pero divertidos, acotará el optimista de turno.
-Sí, tal vez, pero eso no te rejuvenece, ¿o.k?
Empiezo de nuevo.
No todo es tan oscuro, ni todo está tan mal.
Me gusta encontrarme con los compañeros de la adolescencia y darme cuenta de que a pesar de que estamos viejos -no sé si les quedó claro- cada uno sigue cumpliendo con la parte de la obra que le toca actuar.
Y todos -cómplices- dejamos que cada uno haga lo que mejor sabía hacer hace un cuarto de siglo atrás, aunque ya está pasado de moda, o nadie recuerde esa anécdota que por enésima vez algún memorioso insiste en narrar.
Eso sí, "las lobizonas" de la promoción, nunca aparecen -son una suerte de mito, se transformaron a posteriori- y las que estamos tenemos preocupaciones más mundanas que ir al gimnasio a diario.
Por eso fue al unísono el NOOOOOOO de las féminas reunidas anoche cuando algún compañero medio trasnochado pensó como una buena idea que la del año que viene fuese un asado con pileta en la quinta a la que íbamos cada vez que queríamos matar el calor abrasador del verano de la pampa húmeda... 24 años atrás!!!!!!
Acá estoy. Acalorada, exhausta pero llena de panettone y nueces acarameladas.
Es que la navidad vino para recordarnos que todo lo que no compramos ayer mejor ni soñemos con que lo conseguiremos ahora. Cerrado a cal y canto. Todo. Parece el lejano oeste, y eso que estamos bien al este.
En fin, mucho bullicio a la noche, estrépitosos fuegos de artificio -en el pueblo ha habido un incremento paulatino de la parafernalia pirotécnica- que iluminaron el cielo haciéndole competencia a una luna lunera del tamaño de un queso. La muy ladina estaba toda engalanada y era una joya pendiendo de un cielo renegrido y calmo.
Algarabía infantil, algún que otro excedido en copas y -como no podía ser de otro modo- tras tres amagues de brindis finalmente se hizo la navidad en la mesa familiar.
Y allí sí que comenzó el jaleo, pero del bueno. Niños que cruzan raudos toda la casa para encontrar debajo del pino el regalo que Papá Noel o el Niño Dios (depende de cuál marketing haya tenido más éxito) les ha dejado. Confusiones de paquetes, llantos, gritos incluído un: Qué feo, no me gusta!
Explicaciones poco creíbles de las vueltas de Papá Noel por el vecindario y hasta un Papa Noel motorizado en la casa de enfrente, llegando tarde -para nuestros horarios- a repartirles los regalos a los vecinitos.
De todas maneras, a pesar de la confusión, de las quejas, de los gritos (somos gritones, que le vamos a hacer) navidad aunque no me gusta, me divierte mucho.
Pero sobre todo me permite tener un paneo del estado general de la familia (exclusivamente estético, aclaro) lo que hace que me consuele pensando -cada vez que me llevo un pedacito de turrón a la boca- que en comparación con el resto, yo, tan gorda, no estoy!!!!
Haciendo fuerza por mantener la frente en alto e intentando no flaquear haremos lo contrario de lo que queremos para ver si así tenemos más suerte y conseguimos -si no todo, al menos algo- de todo aquello que anhelamos.
Oh no, apareció el "Otro yo del Dr. Merengue" y acá estamos hablando en plural (podría insistir con lo del mayestático, pero a esta altura ¿a quién quiero engañar? hablo en plural porque estoy un poco loca y otra en mí que no soy yo me habita).
De todos modos, conviene aclarar que también hago un uso excesivo del discurso irónico para conmigo, es que nunca se sabe y algún lector malintencionado podría inferir que efectivamente estoy loca y eso no me conviene, al menos si quiero mantener mi trabajo.
En definitiva la cuestión es que ultimamente me estoy divirtiendo bastante, a veces me admiro por mi valentía pero las más -confieso- me avergüenzo un poco de mi temeridad aunque siguiendo en la línea de GH (ahora que ha vuelto con todo) valiente o temeraria finalizando el 2010 la alegría en la balanza tiene más peso que la tristeza.
Este ha sido un año intenso y muy movido, y aunque a veces quise que se pasara pronto, si miro por el retrovisor (me encanta manejar por eso la metáfora automovilística) me pasaron cosas buenas, desde compartir un mes hermoso con amigos que hacía mucho que no veía, alcanzar a conocer a una bebé preciosa que tuvo la gentileza de salirse de la panza antes de que yo regresara, hasta ver con asombro como una niña que resulta que es mi ahijada se está convirtiendo en una adolescente hermosa y decidida, inteligente además (como no podía ser de otra manera).
En lo laboral fue ajetreado pero productivo y en lo personal ¿qué más puedo agregar a "la sarasa" constante que hago por acá, no?
Además ni yo me creo la constancia de haber mantenido esto por casi un año y mucho menos de hacerlo público... es que a juzgar por las apariencias las crisis y las correntadas más que llevarme a cualquier parte me quitaron los últimos diques de contención que me quedaban... y a juzgar también -valga la redundancia- por los resultados Viva la Vida diría Coldplay que falta poco para el 2011 y como quiero que me agarre con pilas y bronceada la corto por acá porque me voy a leer el horóscopo de la Ludovica al lado de mi pileta/piscina de plástico, inflable y recién estrenada, já.
Clarifico: mi nivel de tontería aumenta con el agua -como pasa con esos potajes mágicos que con un chorrito de agua se convierten en comida y de los que soy adicta, ya sean sopas o purés (postrecitos incluidos) -. Es decir que hoy mi tontez está -casi- escapándose del pluviómetro, puesto que hablamos de lluvia que sea éste el aparato medidor ¿no?
No sé si el haber vivido en un lugar donde llueve nueve meses al año afecta en algo mi estado en relación a la lluvia, pero la grisura del cielo, el color plomizo detrás de la ventana, los vidrios con "gotitas" tienen ese "no se qué" que en mi caso significa tonta, tonta, tonta.
Estamos en el horno,como dicen por acá.
Me pongo peligrosamente nostálgica, muy cursi con notas kitsch o camp o berreta...que se yó, a esta altura sólo sé que quiero ver películas que me hagan llorar y escuchar música que me haga emocionar (hablo de esa emoción medio berreta también, esa que te emociona superficialmente, como cuando andás caminando y ves a la viejas pararse a mirar un perro y se llenan de ternura pero al indigente que tienen enfrente no le dan ni pelota) no se si me entienden la idea, si sí mejor, si no se joden...
ah! no les dije, la lluvia también me malhumora un poco, je.
Estamos a fin de año y los balances nos acechan. Y mirar para atrás -y no por el espejo retrovisor- no suele ser un ejercicio relajante.
Esta época nunca es sencilla -al menos para mí nunca lo fue- y eso que soy de las que se quedan más que conforme con un empate -siempre fui gasolera en los deseos, je-.
Sin embargo, cuando empieza la fiebre de los informes y una es arrastrada a "sopesar logros" quedan cosas en el tintero ¿o debo decir en el disco rígido? que ni siquiera estaban en el radar cuando se pensaron las resoluciones del año anterior -en lo personal especialmente-.
No se bien por qué, pero cuando arranco con lo laboral siempre termino evadiéndome hacia el plano personal y por culpa de ser una "procastinadora contumaz" me empantano pensando cosas que poco o nada tienen que ver con lo que tengo que informar.
Es decir que por vaga, termino enroscada en unos laberintos reflexivos que me frustan, mejor dicho, me enojan bastante. Y enojada no soy muy productiva, por eso es que termino paralizada echándole la culpa al fin de año. Y por lo anterior, no sólo no hago lo que tengo que hacer sino que además me amargo por cosas que ni siquiera pensaba me iban a preocupar!
Pero no todo es oscuridad y como soy una mujer optimista (o cándida) aunque me derrita el calor y me coman los mosquitos, el verano está cerca y las vacaciones también, por eso puedo posponer los balances para cuando esté tirada en una reposera frente al mar, que allí seguro seguro no me voy a enroscar pensando nada, más bien todo lo contrario, me dedicaré con todas mis fuerzas a no pensar, porque en definitiva eso es lo que se espera de nosotras ¿no?
Sí, así y no alcanza. Es como si este final de tiempo (tomemos al año como un partido de fútbol donde el segundo semestre sería el tiempo complementario) durara más de lo debido, o no. No sé. ¿Se dieron cuenta? Está terminando el tiempo de juego y yo nunca sé nada. No sé y lo peor es que no quiero saber tampoco.
Y sí che, si querés pegarme, pegá, de ahí a que des en el blanco que se yo... o mejor dicho: yo que sé!
Es que si alguno me hubiera avisado que la cuarta década iba a llegar pletórica de conflictos laborales, te juro, yo la hubiese esquivado.
Es que me cansa un poco tener que aguantar los tiros por elevación en guerras de las que no formo parte o acaso sólo sea un peón, porque ni a yegua llego -allí hasta los veiti pocos, después, ná-.
Hoy tuve un día de mierda -lo salvó un chapuzón en la piscina y alguna que otra sonrisa arrancada a la decepción-.
Simple: lo empecé con la autoestima baja y lo terminé con la autoestima enterrada, y la verdad es que esta vuelta la parte estética poco o nada tuvo que ver con la sensación.
Lo único bueno, es que me endilgan que soy "anti quejas" a mí que soy la reina del reclamo!
En el medio del despelote leer eso (todo fue bien contemporáneo y a pesar de que estamos oficinas mediante los cruces fueron cibernéticos, ja) repito, leer que yo no estoy a favor de la queja me dejó claro dos cuestiones:
a) que debo ser una excelente actriz, porque me vivo quejando de todo pero así y todo doy "antiqueja" y b) que nunca termina uno de sorprenderse de los efectos "retóricos" que provoca en la gente.
Decí que por suerte ya llegan las vacaciones y entonces no habrá nada que un buen bronceado y un par de anteojos de sol no puedan solucionar, o al menos, ocultar! ja.